martes, 9 de julio de 2013

Discurso contra Dios - Roberto Benigni


Quiero hacer un breve paréntesis en relación a la economía divina.
Nuestro señor, creo, podía habernos ayudado desde el principio. Yo creo en él, porque nunca se sabe. Total si existe, existe, y si no existe, no jode. Pero si existe, digo: somos cinco mil millones de personas, ¡y con todos los planetas que hay tenía que meternos a todos en éste! Es como si un padre tuviera veinte hijos y un edificio de cincuenta pisos y decidiera encerrarlos a todos en el garage. ¿De qué estamos hablando? Nos tendría que haber ubicado un poco mejor.
Pero no, nuestro señor es un capitalista, y todos estos planetas son un abuso. Pura especulación planetaria. De hecho, cuando Galileo los descubrió, el Papa lo hizo arrestar enseguida. Lo hizo pasar por idiota y le dijo: "¿Cómo es ése asunto de que la Tierra gira?". Galileo dijo: "Es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y no como dicen ustedes". Entonces el Papa dijo: "¿Pero éste es idiota? ¿Han visto alguna vez una casa girar alrededor de la estufa?".
Naturalmente, además de crear a los hombres, Dios ha construido a los animales, los vegetales y los minerales: un quilombo tan grande que ya no se entiende nada. Pero cuando los hombres se enojan, viene el diluvio universal. Después, Noé tiene tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Los tres son hombres y dan lugar a las distintas razas. Al rato, Dios lo llama a Moisés y le dice cuáles son las cosas que se pueden hacer y cuáles las no.
Las cosas que se deben hacer son los diez mandamientos; las que no se deben hacer son los siete pecados capitales. Ahora bien, yo estudie bien esos siete pecados capitales y son las cosas más abominables del mundo. Y Dios las hace todas. La soberbia, por ejemplo: si hay alguien soberbio, ése es Él, el ser perfectísimo, poderosísimo, presentísimo. "Comparado conmigo", dice, "Nembo Kid es un imbécil y a Buda lo saco de taquito". Hace falta un poco más de humildad. El mismo nombre Dios. Si hubiese elegido un nombre más humilde. Si hubiese dicho: "Soy Guido, no habrá otro Guido más que yo". O si no: "Ayúdense entre ustedes, que Guido los ayuda a todos". O "llueve porque Guido quiere". Si fuese más humilde sería más simpático.
La ira: no hay nadie que se enoje más que él. ¿Adán y Eva arrancaron una manzana? Madre mía, se enojó como un loco. "¡Fuera! ¡Tu trabajarás con el sudor de tu frente! ¡Tú parirás con dolor! ¡Fuera!". Una manzana yo me la pago, no hay porque enojarse de esa manera. Está bien, incluso admito que uno se puede enojar por una manzana, pero después se le pasa. ¡Ah! No, a Él no se le pasó. Van dos millones de años y nos seguimos bautizando por culpa de esa manzana.
La lujuria: no quiero entrar en asuntos privados, pero somos todos hijos suyos, ¿o no? Somos cinco mil millones de personas, ¿o no?
La avaricia: no hay nadie más avaro que Él. Al pueblo elegido -los judíos- les prometió un pedazo de tierra hace dos millones de años. "Si, aquella tierra se la prometí, pero nunca dije que se la iba a dar". ¿O sí?
Los diez mandamientos. Ésa sí que era una buena idea. Sólo que los hizo a favor del rico. Convengamos que es más fácil ir al infierno para los pobres que para los ricos. Por ejemplo, a Agnelli, el dueño de la Fiat, con todo el dinero que le han dejado, le dicen: "Honra al padre y a la madre" ¿Y que va a decir? "Gracias madre, gracias padre. Cuando mueran, lo agarro todo yo".
O no desear las cosas de los demás. También es algo muy fácil para Agnelli, porque si todo es suyo ¿qué va a desear?
En suma: nuestro señor debería ocuparse un poco más de los problemas del proletariado. Porque nuestro creador consiguió que nos insertáramos en el mundo moderno de manera homogénea. Él podría conseguir enseguida que estuviéramos mejor. Tomemos los inventos, por ejemplo. ¿Por qué no nos hizo descubrir enseguida la calefacción, evitando que mil millones de personas murieran de frío en el pasado? ¿No podía? Creó a Adán, tomó una costilla suya e hizo a Eva. O sea, que bien podía agarrar, no sé, una oreja de Eva y hacer una estufa. Así quedaban los hombres con una costilla menos y las mujeres sin una oreja, y aunque hubiese hecho falta gritar un poco, habríamos estado un poco mejor, ¿no?
Durante siglos se comió carne cruda y hubo miles de virus. ¿No podía ayudarnos a descubrir antes la penicilina y los antibióticos? No, prefirió esconderlos en los hongos. Y eso es tener una mentalidad de revista de crucigramas.
¿A quién se le ocurre ir a buscar los antibióticos en los hongos? Hay gente que los buscó durante toda su vida y no los pudo encontrar.
Es como si yo les escondiera el jabón a mis hijos: van a lavarse, no lo encuentran, entonces se agarran tifus y cólera, y se mueren. Al final, para divertirme, les digo: "¿Saben dónde había metido el jabón? Debajo de la toalla, ja, ja, ja". Pero ellos ya están muertos. Entonces, ¿qué nos quiere decir con eso? Nos quiere decir: "Soy Dios y me cago en ustedes".




No te alejes de mi - Tomás Abraham



“…Europa, en cuanto a ti, puedes irte o quedarte. En realidad nunca fuiste continente ni contenido más allá de estar de acuerdo en despedazarte con frecuencia y escarnio. Eres un invento imperial y semita. Judeocristiano que le dicen. Atenas –en donde se inventó la política de la paridad y el uso de la palabra como mediadora de conflictos– era imperio. Entró y salió a espada desnuda en cuanta polis se atrevió a cruzársele. Roma –magnificente por su Derecho y sus máximas en las que sus jerarcas meditaban sobre los excesos del poder y la necesidad de su moderación– crucificaba a Espartaco. Una vez disuelta la grandiosidad de lo clásico, el medioevo cristiano se volvió loco por haber sido portador de la peor de las locuras, la que se expande en nombre de la fe. La Inquisición y la Caza de Brujas, fueron su mejor logro administrativo.
Por pudor no deberíamos hablar de colonialismo y genocidio. Sería hacer leña del árbol caído. Vieja Europa nunca dejaste de ser tribal. Dices unión y piensas autonomía. Tú sí que crees en pueblos originarios. Eres étnica hasta la médula. Pero perdiste el tren de la historia. Renunciaste a la cópula por avaricia y no tienes baby boom. No eres más que euro. Y lo puedes perder. Merkel, Rajoy y Berlusconi son tus estadistas. En tu costilla oriental, más al centro, los grafitis antisemitas de tu racismo rancio no tienen sentido a pesar de escribirlos en los muros de Budapest, Bucarest, Zagreb o Varsovia. Por si esto no fuera suficiente, Europa, otra vez le sumas tu odio a los musulmanes, justificado en el maltrato contra las mujeres como si alguna vez hubieras tratado bien a alguien.
(…)
Pero Europa tiene credenciales, no podemos ignorarlo. Dejo de lado la pasión turística para quienes se deleitan con Londres, París y Venecia. Bellas a no dudar. Por ejemplo, la democracia. Esa idea de que el poder no puede ser un centro con un ocupante vitalicio sino un espacio delegado, fortuito y cambiante. También la Rennaissance –suena lindo en francés– y su idea del Individuo con mayúscula, la del artista creador y la del viajante curioso. No olvidemos la tarea del empirismo liberal que elaboró la noción de propiedad, que en nada es una referencia mezquina, de ella deriva la condena de la tortura y la declaración del hábeas corpus. ¿Qué sería de nosotros sin la Ilustración con su emblema que dice “ten el coraje de saber!”? ¿Qué dignidad humana nos cabría sin la autorización de explorar los misterios del mundo por más que le pese a Fausto y a todos los que advierten que conocer es peligroso? Por eso hablamos de las tinieblas de la censura despejadas por las Luces que nos alientan a pensar sin tutelas y a elaborar una moral universal para el nuevo sujeto llamado humanidad. Y, finalmente, el hecho revolucionario del paradigma científico que articula la voluntad de saber con la verificación de los enunciados, la refutabilidad de las teorías, y la publicidad de los resultados. ¿Quién es aquel que quiere perder este legado que se hace llamar Civilización Occidental? ¿Y quién se arriesga a despreciar por todo lo recién dicho a su adorada hija Europa?
Paridad política, moderación y contención del poder, intangibilidad del cuerpo, singularidad del individuo, libre expresión y pensamiento sin custodia, humanidad como nuevo conjunto de referencia moral, ¿qué otra forma de vida aparece en el horizonte que nos aliente a echar por la borda esta herencia llámese como se llame y darle la bienvenida a una nueva aurora? Miro a lo lejos, y no veo nada. Miro cerca y veo a un par de fanáticos por allá, otro par de fanáticos por aquí, judíos ortodoxos seguros de sí y de sus seiscientos mandamientos diarios en nombre de la augusta segregación; bolivarianos con camisas rojas gritando a voz en cuello que un gobierno de ricos votado por pobres quedará para la eternidad; tejanos con botas que amenazan con arrojar una buena bomba por allá lejos si les aumentan los impuestos y les impiden ser dueños de la tierra; eslavos enriquecidos poseedores de bombas, clubes de fútbol y del tráfico sexual; islamistas y evangelistas arrojando sus sacros libros dinamitados en nombre de la muerte pastoral.
No quiero hablar de ciertos asiáticos porque me da miedo. No me vengan con el feng shui, el taichi o el origami. Ni con Lao Tsé, Confucio o el Dalai Lama. El ascetismo puede ser generoso o letal. No está mal si sirve para elongar los músculos, vaciar arterias y ser más paciente con la suegra. Pero el ascetismo impuesto por una dictadura es el peor. Trabajar y callarse. Trabajar y aplaudir. Me parece difícil que el gran gigante asiático pueda gerenciar a mil quinientos millones de seres vivientes como si fueran un regimiento al mando de un sargento. Parece una imagen demasiado estereotipada. Aunque es posible imaginar una alternativa aún peor. Quizá se los pueda administrar como si fueran cobayos de un laboratorio. Me refiero a una realidad que los pensadores europeos cuando nos quieren asustar llaman de un modo un poco macabro “tanatopolítica”. Las ciencias de la vida y de la muerte aplicadas a la conducción de grupos en un campo de concentración planetario.
Modelo chino: rey de la competitividad  globalizada y protector de la patria grande.
Un argentino por adopción, nativo rumano, de lengua materna húngara, judío hasta el apellido, casado con una cristiana, ¿puedo decir que soy occidental y europeo? La verdad que no. No soy, me hago. Es lo que dijo mi mentor Jean Paul Sartre, uno no es, se hace.
Y si llegara a decidir hacerme a mí mismo bastante occidental y hasta un poco europeo, sólo será por amor a la filosofía, para salvarla de la religión que esclaviza, de la ciencia que manipula, de la burocracia que asesina, de la política que domestica. Por amor al oficio.
Por eso “no está bueno”, como dicen los del Pro, abandonar a Occidente y con él a Europa vieja y gastada como está, para que el mito del Individuo, de la paridad ciudadana, de la libertad de palabra, de la intangibilidad del cuerpo, del saber sin custodia, de la humanidad  una, no se disuelvan y dejen la pista libre al  Poder con mayúscula y a la servidumbre voluntaria que a tantos obnubila.

lunes, 8 de julio de 2013

Embriagaos…




Hay que estar siempre ebrio. Nada más; esta es toda la cuestión. Para no sentir el paso horrible del tiempo, que os quiebra la espalda y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin parar. ¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaros. Y si alguna vez, en las escaleras de un palacio, en la verde hierba de una zanja, en la soledad sombría de vuestro cuarto, os despertáis, porque ha disminuido o desaparecido vuestra embriaguez, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que gira, a todo lo que canta a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, las olas, las estrellas, los pájaros, el reloj, os contestarán: “¡Es la hora de embriagarse!” Para no ser esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud, como queráis.

                                                                                                          C. Baudelaire    

Arco iris



A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea
sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo
sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente
y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía
llorar
sólo llorar
entonces su sonrisa
si todavia existe
se vuelve un arco iris.
Mario Benedetti

Al triste - Borges

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.

Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.

Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.

viernes, 5 de abril de 2013

El amenazado - J. L. Borges



Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,
pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras,
la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte
para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad,
las galería de las bibliotecas
las cosas comunes,
los hábitos
el joven amor de mi madre,
la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal,
el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo,
es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por la ventana,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria
el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,
con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Ya coincidirá



El tiempo habló y ya no puedo verte,
pero ya coincidirá mi mirada con tu sonrisa,
mi alegría con tu júbilo, mi esperanza con tu presencia,
mis caricias con tu inocencia, y mi calma con tu prisa.
Ya coincidirán mis labios y tu voz, mi timidez y tu pudor,
mis pasos y tu camino, mi futuro y tu destino, mi acierto y tu error,
ya coincidirán mis brazos y tu espalda, tu paisaje y mis colores,
mi nariz y tus olores, ya coincidirá el amor.

Se encontrarán tu soledad y mi cama, mi después y tu tal vez,
mi yo quiero y tu querer, mi mañana y tu despertar,
 tu sol y mi ventana, en una almohada una mirada,
tu compañía y mi intimidad.
Ya se encontrarán mis dudas y tus respuestas,
tu belleza y mi admiración, tus oídos y mi canción,
mi poema y tu lectura, tu rechazo y mi venganza,
mi promesa y tu petición, un día se encontrará la verdad y esta declaración.

–Tony Hr